15. Cooperativa Teixidors a mà, 1850.

Qui va introduir les idees cooperativistes a Espanya va ser Fernando Garrido Tortosa (1821-1873). Va polemitzar amb els internacionalites espanyols organitzats en la Federació Regional Espanyola sorgida del primer Congrés Obrer el 1870 fomentant el fourierisme i el cooperativisme per contrarestar les idees anarquistes que proposaven que els treballadors no s’integressin als partits polítics burgesos.

La cooperativa Teixidors a Mà de Gràcia es va fundar el 1875, ocupava el solar on avui es troba el Teatre Neu. L’edifici és de 1935 i a la façana encara es pot llegir “teixidors a mà”. En1892 la cooperativa es va escindir i els dissidents van crear la cooperativa “La Lealtad” situada a l’edifici de l’avui Teatre Lliure. La raó d’aquesta escissió és difícil de precisar perquè després de la Guerra Civil van desaparèixer els documents amb les actes.

El 1877 la cooperativa va ser autoritzada pel governador civil de Barcelona. El seu primer president va ser Domènec Perramon que el 1870 havia estat delegat al Primer Congrés Obrer Espanyol celebrat a Barcelona en representació de les societats obreres de Gràcia. En aquest congrés Perramon va representar al sector cooperativista encapçalat per Roca y Galés que durant les discussions i posteriors votacions de l’assemblea va resultar un sector minoritari. La primera divergència entre els cooperativistes i els internacionalistes, que van adoptar i van desenvolupar les tesis anarquistes, va sorgir a causa de la proposta de crear les caixes de resistència. Roca y Galés considerava que l’ús que calia fer d’aquestes caixes era circumstancial i utilitari sense importar el projecte a llarg termini de La Internacional, que era construir un avenir millor per a la societat humana. La majoria considerava que aquestes caixes devien sevir per a la lluita revolucionària de la classe treballadora. Molts consideraven la vaga com un mitjà de lluita per fer caure el capital i les caixes de resistència servirien en aquest cas perquè els treballadors no passessin penúries durant el període de durada de la vaga.

La resolució del Primer Congrés Obrer Espanyol en relació amb les caixes de resistència va ser la següent:

El Congreso Obrero de lengua española, considerando que la lucha contra el capital se hace una necesidad para conseguir la completa emancipación de las clases trabajadoras y que para esta lucha es necesario ponerse en condiciones económicas, declara que las cajas de resistencia son una necesidad y un gran elemento para alcanzar el objeto a que aspira la gran Asociación Internacional de los Trabajadores.

Respecte el tema de la cooperació van sorgir les divergències més notòries. Els cooperativistes consideraven que les cooperatives de producció i consum eren l’alternativa dels treballadors per aconseguir millorar el seu nivell de vida. Altra cosa afirmaven aquells que defensaven que només la resistència portaria a un canvi social a on els treballadors aconseguirien la seva emancipació. Un delegat de Barcelona al congrés, de cognom Pagès, va explicar la posició dels cooperativistes en un dels seus discursos en el congrés:

Son incalculables las pérdidas experimentadas por los obreros con el sistema de la resistencia. Supongamos que se declaran en huelga diez mil trabajadores cuyo jornal semanal sea de tres duros; en una semana se pierden treinta mil duros, en un mes ciento veinte mil, y así progresivamente. ¿Dónde se irá a parar cuando hay huelgas que han durado nueve meses? ¿Qué beneficios ha reportado la resistencia? Después de la enorme pérdida sufrida, unos obreros han ido a presidio, otros han muerto extenuados de hambre y roídos por la congoja, otros han debido pasar por la humillación de volver a ocupar un puesto en el oprobio del trabajo vencido. Si tales resultados da la resistencia, ¿por qué no la desechamos? ¿Por qué no hemos de invertir esos miles de duros en la construcción de fábricas y talleres? … A la manera de las hormigas y adoptando el principio de ahorrar en el presente para hacer más llevadero el porvenir, de sacrificarnos hoy para mejorar nuestra situación de mañana, íbamos aportando al acervo común en pequeñas cantidades cuya suma nos sirvió para levantar una fábrica, en posesión de la cual nadie viene a imponernos condiciones; si estamos enfermos se nos prodigan los auxilios necesarios, si nos conviene el descanso a él nos entregamos. Ved cómo ya no obedecemos al toque de una campana, cómo ya disfrutamos de una grata independencia y cómo ya nos hemos emancipado.

En aquest congrés es va adoptar la resolució de recolzar la formació de cooperatives de consum que servirien per alleugerir la misèria i la falta de recursos mínims de subsistència, però no de cooperatives de producció ja que es pensava que d’aquesta manera els obrers continuarien reproduint el sistema d’explotació capitalista basat en la propietat privada i l’estat com a institució.

La raó de la fundació de la cooperativa Teixidors a Má de Gràcia va ser l’aparició de la gran indústria que va automatitzar la producció tèxtil. L’aparició de les anomedes tres Classes del Vapor (fils, teixits, acabats) va ser l’origen de la cooperativa. Existia un sindicat afiliat a la regió espanyola de la Internacional al qual es van sumar 62 teixidors a mà, però donades les seves circumstàncies el sindicat no podia defensar els seus interessos. És així que aquests treballadors es van unir al voltant del projecte cooperativista que ja l’octubre de 1876 tenia 250 socis (aquí s’inclouen els socis de ple dret i la resta sense cap mena de dret) que havien recollit un capital de 3.750 pessetes. Cal recordar que els seus estatuts reflecteixen la mentalitat imperant en aquella època entre els cooperadors. S’establia un límit de 50 socis més que no tinguessin la professió de teixidor, visió estreta i corporativista que només concedia admetre socis extres sense cap dret més que el d’adquirir gèneres i poder disposar dels excedents d’articles de consum.

A continuació reproduïm un text de Fernando Garrido que, vivint a Barcelona, va visitar diverses vegades la cooperativa Teixidors a Má a Gràcia i va ser testimoni del fenomen cooperativista. Aquí descriu el funcionament de la cooperativa, els avantatges econòmics aconseguits i les enginyoses solucions desenvolupades pels obrers per tirar endavant el seu projecte.

Varias son las sociedades cooperativas que existen en Gracia, así de consumo como de producción.

Unas y otras han pasado por vicisitudes, resultado de causas exteriores y de la falta de conocimientos y de la experiencia de los mismos socios. Pero el espíritu de asociación a prevalecido en una minoría de los trabajadores de esta industriosa localidad, pudiendo decirse que contra viento y marea las sociedades cooperativas por ellos fundadas han ido adelante.

A la vista tenemos el reglamento y los datos referentes a la Sociedad de Consumo llamada Los tejedores a mano, que existe desde el año 1876, época en que éstos y los albañiles se separaron para formar cooperativas aparte.

Los trabajadores de otros oficios son, sin embargo, admitidos en esta sociedad, aunque con condiciones menos favorables que los tejedores, pues no tienen voz ni voto en las asambleas y pagan una cuota de cuatro cuartos semanales, con los que adquieren el derecho, a título de socios, de proveerse en su establecimiento de los objetos de consumo. La buena calidad y la baratura de éstos basta, sin embargo, para que la tercera parte del total de socios pertenezca a esta categoría.

Esta asociación no se propone especular, por lo que reparte a los socios los artículos de consumo a precio de coste, comprendiendo éste naturalmente los gastos que ocasiona hasta su expendición.

El capital que los socios acumulan y que en determinados casos puede retirar en todo o en parte, sirve para la adquisición de los objetos que en el depósito de la sociedad reciben, de manera que puede decirse, que la Cooperativa de los tejedores, de Gracia, es una caja de ahorros, en las que los imponentes , en lugar de un tanto por ciento del capital impuesto, ganan todos los días lo que economizan en el precio y en la calidad, peso y medida de los objetos que consumen. No obstante, a pesar de la economía de los gastos de administración, en la que no son retribuídos los cargos, y que sin embargo son obligatorios, aún queda un excedente, al que llaman beneficios, prueba de lo bien manejada que está la Sociedad.

Para la expendición en el almacén de la Sociedad han introducido un sistema tan ingenioso como sencillo, gracias al cual saben cada noche la cantidad que han expendido de cada uno de los artículos que tienen, al mismo tiempo que sirve para impedir el menor fraude por parte de los encargados de la venta.

En un lado del almacén se establece el socio que cobra tras una mesa sobre la que hay un cajón dividido en casillas como las cajas de imprenta. Cada casilla está llena de unas rodajas de hojalata en las que están grabados los nombres y precios de los artículos que en él se expenden. El comprador, en lugar de dirigirse a los mostradores, va a la mesa, pide al cobrador lo que quiere y lo paga, recibiendo a cambio tantas rodajas de hojalata como objetos quiere comprar. Y como en cada una de ellas está grabado el nombre del objeto, la cantidad y el precio, se dirige al mostrador donde entrega las rodajas y recibe los géneros.

Al cerrarse el almacén, delante de los encargados nombrados por la Sociedad se examinan las rodajas y se sabe por ellas el valor total de lo expendido y la cantidad de cada artículo, debiendo corresponder el dinero recaudado al valor expresado en las rodajas que se cambian contra aquél.

En ninguna parte hemos visto aplicar este sencillo y eficaz sistema, cuyas ventajas son evidentes.

(…)

Para apreciar en todo su valor las ventajas que los obreros cooperadores de Gracia deben a su Sociedad de Consumo, basta poner frente la diferencia de los precios de su almacén comparados con los de las tiendas. El vino común que en las tabernas venden a 8 cuartos el porrón, ellos lo reparten a 7 y de mejor calidad. El superior, que ellos obtienen a 9 cuartos, en las tiendas cuesta a 12. En éstas la mistela se paga a 20, siendo inferior a la de la Cooperativa, en la que los socios la adquieren a 14. El porrón de aguardiente, que en las tabernas cuesta 40 cuartos, a los cooperantes sólo les sale a 26.

En las pastas ahorran 2 cuartos en libra, 1 en arroz, 1,5 en la curta de aceite y 2 en la libra de tocino.

Si a esta economía en los precios se agregan las ventajas de la buena calidad, y la no menos importante de recibir el peso y la medida tan justa como los tenderos no acostumbran a darla, se comprenderá los beneficios pecuniarios e higiénicos que los asociados de Gracia sacan de su Cooperativa de Consumo.

La cooperativa va existir durant més de 100 anys. Albert Pérez Baró descriu as seu llibre “Cent anys de la cooperativa teixidors a má, Gràcia 1876-1976 l’agitada història d’aquesta cooperativa finalment desapareguda.