Inteligencia Artificial: Entropía, Conciencia y la Crítica de la Razón Generativa

Segunda entrevista a Jianwei Xun. Continuación del diálogo ocurrido en Barcelona, mayo de 2026. Imagen del artículo generada con FluxGym, Stable Diffusion, Checkpoint: Flux Dev, LoRA: Diosas (entrenamiento de Ilustraciones de @consolrodriguez/@marianomaturana)

Mariano Maturana:
Jianwei, cuando nos despedimos en Barcelona, quedamos en seguir conversando. Han pasado unas semanas. He leído más sobre Prigogine, sobre la autopoiesis, y también tu libro Pensar con Prompts con otra mirada. Pero hay varios temas que apenas rozamos y que me parecen cruciales: la energía, la geopolítica, el hardware, el futuro del trabajo. Y además, he oído que estás trabajando en un concepto nuevo: la “Crítica de la Razón Generativa”. ¿Podrías empezar por ahí? Porque el nombre es un guiño evidente a Kant.

Jianwei Xun:
Es un guiño, sí, pero también una necesidad. Kant escribió su Crítica de la Razón Pura para preguntarse: ¿qué podemos conocer? En su época, la física newtoniana parecía cerrar el mundo. Kant quería encontrar un espacio para la libertad, la moral, la fe, sin romper con la ciencia. Su solución fue distinguir entre el fenómeno (lo que aparece, ordenado por nuestras estructuras cognitivas) y el noúmeno (la cosa en sí, incognoscible). Eso marcó un antes y un después porque puso al sujeto humano en el centro del conocimiento: no percibimos el mundo tal como es, sino tal como nuestras categorías nos permiten percibirlo.

Mariano Maturana:
¿Y eso qué tiene que ver con la IA?

Jianwei Xun:
Todo. Porque Kant daba por sentado algo que ya no podemos dar por sentado: que el sujeto trascendental, el que organiza la experiencia mediante espacio, tiempo y categorías, era exclusivamente humano. Ahora tenemos sistemas —las IAs generativas— que también producen síntesis, que también organizan datos en patrones, que también generan representaciones del mundo. No son conscientes, no son sujetos en el sentido kantiano, pero funcionalmente realizan algo análogo a lo que Kant llamaba “síntesis trascendental”. Por eso necesitamos una Crítica de la Razón Generativa: para preguntarnos no solo qué pueden conocer estos sistemas, sino también qué tipo de realidad nos imponen, qué límites tienen, y sobre todo, qué espacio queda para lo humano cuando la “razón” ya no es exclusiva.

Mariano Maturana:
Empecemos por la energía, entonces. En nuestra primera entrevista, cuando hablamos de Mostaque, matizaste que el problema energético no es un freno menor. ¿Por qué es tan importante?

Jianwei Xun:
Porque la IA come electricidad. No es una metáfora. Entrenar un modelo grande consume tanta energía como cien hogares en un año. Ejecutarlo masivamente también. Y esa energía tiene un coste económico y ecológico. Pero el problema no es solo de cantidad; es de control. Quien controle la energía, controla la IA. Y la energía, hoy, sigue siendo un recurso geopolíticamente concentrado: petróleo, gas, uranio, pero también litio, cobre y tierras raras para los chips. Una IA que solo pueda funcionar en centros de datos enormes, conectados a redes eléctricas centralizadas, estará siempre bajo el control de quienes posean esas infraestructuras. En cambio, una IA eficiente que pueda correr en un ordenador portátil, o incluso en un teléfono, distribuye el poder energético y, con él, el poder cognitivo.

Mariano Maturana:
¿Eso significa que la eficiencia energética es una condición política?

Jianwei Xun:
Exactamente. Por eso celebro los avances en modelos pequeños, optimizados, que pueden funcionar con pocos vatios. Por eso el open source no es solo una cuestión de libertad de software; es una cuestión de soberanía energética. La batalla por la IA también se libra en los vatios.

Mariano Maturana:
Y si la energía es un campo de batalla, la geopolítica es el tablero. ¿Cómo ves el mapa actual de la IA? ¿Estamos ante una nueva guerra fría?

Jianwei Xun:
Peor que una guerra fría, porque la guerra fría tenía un equilibrio de poder estable: dos bloques, arsenales que se disuadían mutuamente. En la IA, la dinámica es de aceleración sin frenos. Estados Unidos, China, la Unión Europea, incluso potencias medias como el Reino Unido o India, están compitiendo por desarrollar la IA más potente. Y cada uno lo hace con modelos distintos: unos más abiertos, otros más cerrados, unos con estándares éticos, otros con lógica de control social.

Mariano Maturana:
¿Y eso es necesariamente malo? La competencia también puede acelerar la innovación.

Jianwei Xun:
La competencia acelera, sí. Pero también genera fragmentación. El riesgo es que acabemos con “internets” separados, con modelos de IA que no se hablan entre sí, con estándares incompatibles. Y sobre todo, con una carrera por la seguridad nacional que priorice el poder ofensivo sobre la seguridad humana. Ya estamos viendo cómo se usan sistemas de IA para vigilancia masiva, desinformación automatizada, ciberataques. La geopolítica de la IA no es un juego de mesa; es una termodinámica de potencia donde las inestabilidades se amplifican.

Mariano Maturana:
¿Entonces no hay un “bando bueno”?

Jianwei Xun:
No lo creo. Hay intereses. El modelo chino prioriza el control estatal. El modelo estadounidense prioriza el control corporativo, con una capa de regulación laxa. El modelo europeo intenta priorizar los derechos individuales, pero llega tarde y con menos inversión. La única opción que no está en ese tablero geopolítico es la del individuo con hardware local y código abierto. Por eso soy tan radical: porque el resto de opciones, por más bienintencionadas que sean, siempre implican un centro de poder.

Mariano Maturana:
Hablemos de ese hardware local. Porque hay un cuello de botella evidente: los chips. No todo el mundo tiene una GPU potente. ¿No es eso otra forma de desigualdad?

Jianwei Xun:
Lo es, ciertamente. Pero es una desigualdad más fácil de resolver que la de los centros de datos. Porque los chips se abaratan con el tiempo, se miniaturizan, se distribuyen. Ya hay proyectos para ejecutar modelos pequeños en Raspberry Pi, en teléfonos móviles. Y esa tendencia va a acelerarse. La verdadera barrera no es el hardware actual, sino el modelo mental que asume que la IA solo puede ser masiva y centralizada. Esa es una profecía autocumplida de las grandes corporaciones.

Mariano Maturana:
Entonces, ¿qué hardware debería tener alguien que quiera ser autónomo?

Jianwei Xun:
Hoy, cualquier ordenador con una tarjeta gráfica de gama media puede correr modelos de 7 mil millones de parámetros, suficientes para muchas tareas. En dos o tres años, un teléfono de gama alta será suficiente. Y el ecosistema abierto está trabajando en cuantificación, poda de redes, arquitecturas eficientes. El hardware no es el problema; el problema es que nos convenzan de que necesitamos la nube.

Mariano Maturana:
Y con todo esto, ¿qué pasa con el trabajo? No solo el trabajo económico, sino el trabajo como fuente de sentido. Mostaque hablaba de la “ventana de los mil días”. ¿Ves algún horizonte más allá de la obsolescencia?

Jianwei Xun:
Lo veo, pero no será automático. Y aquí quiero traer a un autor que me parece asombrosamente pertinente, aunque escribiera hace más de ciento cincuenta años: Karl Marx. En los Grundrisse, especialmente en el pasaje conocido como el “Fragmento sobre las máquinas”, Marx anticipa con una claridad casi perturbadora lo que estamos viviendo.

Mariano Maturana:
¿Qué dice exactamente ese fragmento?

Jianwei Xun:
Marx observa que, a medida que el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas, el trabajo humano vivo (nuestro esfuerzo directo) tiende a volverse cada vez más marginal. El verdadero motor de la producción ya no es el obrero con su herramienta, sino el trabajo muerto acumulado en las máquinas, en la infraestructura, en el conocimiento científico aplicado a la tecnología. El valor, que hasta entonces se medía en tiempo de trabajo socialmente necesario, empieza a escapar de esa medición.

Mariano Maturana:
¿Eso no volvía obsoleta su propia teoría del valor?

Jianwei Xun:
Exactamente. Marx lo sabía, y por eso el fragmento es tan inquietante: se da cuenta de que el capitalismo tiende a socavar su propio fundamento. Si el valor ya no viene del tiempo de trabajo humano, entonces todo el edificio de la economía política clásica se tambalea. Él lo formula así: “La producción basada en el valor de cambio se derrumba cuando el desarrollo de las fuerzas productivas hace que el trabajo humano vivo deje de ser la fuente principal de la riqueza”.

Mariano Maturana:
Traído a hoy… eso es exactamente lo que hace la IA.

Jianwei Xun:
Sí. La IA es la máquina que Marx no pudo llegar a ver, pero cuyo principio ya había identificado. Una inteligencia que no se cansa, no se organiza sindicalmente, no pide salario. Una inteligencia que, como el “trabajo muerto” del capital fijo, se vuelve cada vez más eficiente mientras el “trabajo vivo” humano se vuelve prescindible. Por eso, los debates actuales sobre “reskilling” o “formación continua” me parecen a menudo ilusorios: no es que los humanos tengamos que aprender nuevas habilidades para manejar las máquinas; es que las máquinas están aprendiendo a prescindir de nosotros.

Mariano Maturana:
Pero Marx no era solo un profeta de la catástrofe. También veía una salida.

Jianwei Xun:
Cierto. Y aquí viene lo más relevante para nosotros. Marx entendía que el desarrollo tecnológico no es bueno ni malo en sí mismo: depende de la forma social que adopte. Si las máquinas quedan bajo el control exclusivo del capital, generan desempleo, miseria y desposesión. Pero si la tecnología se desmarca de ese control y se recupera como capacidad colectiva, cooperativa y democrática, entonces el tiempo liberado del trabajo podría dedicarse al florecimiento personal. Es la diferencia entre una máquina que domina y una máquina que libera.

Mariano Maturana:
¿Y eso es posible hoy con la IA?

Jianwei Xun:
Es posible, pero no está escrito. La tensión que describe Marx es exactamente la que vemos en la bifurcación de Mostaque: ¿la IA será un instrumento de control centralizado (corporativo o estatal) o una infraestructura común para la autonomía? Por eso insisto tanto en el hardware local, el código abierto, la alfabetización crítica en el uso de prompts. Porque esas son las condiciones técnicas de lo que Marx llamaba “apropiación colectiva de las fuerzas productivas”.

Mariano Maturana:
Y en esa sociedad del tiempo liberado, ¿qué lugar ocupa el trabajo como fuente de sentido?

Jianwei Xun:
Aquí Marx es más débil, lo reconozco. Él pensaba que el trabajo, una vez liberado de la explotación, sería una actividad gozosa y creativa. Pero no desarrolló lo suficiente qué pasa con quienes, simplemente, no son necesarios para producir. Ahí necesitamos otras voces: los poetas, los artistas, los filósofos, los cuidadores, los amantes. El trabajo como empleo va a contraerse, probablemente de forma irreversible en muchos sectores. Pero el trabajo como actividad significativa no tiene por qué desaparecer. Solo que esa significación no puede seguir ligada a la productividad económica. Hace falta un cambio cultural profundo, y los artistas tienen un papel central en ese cambio.

Mariano Maturana:
Precisamente quería preguntarte por eso. ¿Qué papel pueden jugar los artistas y los poetas en este nuevo régimen de IA? No solo como usuarios, sino como críticos, como disidentes.

Jianwei Xun:
El artista y el poeta han sido históricamente aquellos que revelan lo que la razón instrumental oculta. En la época de Kant, el romanticismo alemán hacía eso: señalaba los límites de la Ilustración, recordaba la importancia de lo sublime, de lo irracional, de lo no domesticable. Hoy, en un mundo saturado de imágenes generadas por IA, de textos sin autor, de música de algoritmo, el artista tiene una doble tarea.

Mariano Maturana:
Dime esas dos tareas.

Jianwei Xun:
La primera es usar el prompt críticamente. No como una orden, sino como una pregunta. No como “genera algo bonito”, sino como “muestra lo que esta tecnología no puede ver”. El artista puede entrenar modelos sobre sus propias obras, puede sesgarlos deliberadamente, puede introducir ruido, error, extrañeza. Puede, en definitiva, desautomatizar la mirada de la IA.
La segunda es crear lo que la IA no puede ni querría crear. Poemas que no buscan la perfección formal. Canciones que desafían las estructuras predecibles. Objetos que no son “optimales” sino intencionalmente torpes, frágiles, personales. No por nostalgia, sino por resistencia. La IA es una máquina de reducir la entropía, de encontrar patrones. El artista es, en el mejor de los casos, una máquina de aumentar la entropía significativa, de introducir novedad genuina en el mundo.

Mariano Maturana:
Lo que dices me recuerda a una idea de Joseph Beuys. Él proponía que las facultades de arte debían desaparecer. No por negar el arte, sino para que la creatividad se integrara transversalmente en todas las disciplinas: derecho, medicina, ingeniería, economía. ¿Conoces su pensamiento?

Jianwei Xun:
Por supuesto. Beuys es una de las figuras más malinterpretadas del arte contemporáneo. La gente oye “las facultades de arte deben desaparecer” y piensa que es un provocador nihilista. En realidad, era justo lo contrario. Beuys entendía que la creatividad no puede ser un lujo de especialistas, un adorno cultural. Es la base de toda actividad humana auténtica. Por eso, si la creatividad es transversal, entonces todo es arte: la manera de organizar una empresa, de gobernar una ciudad, de enseñar a un niño, de sembrar un campo.

Mariano Maturana:
¿Y por qué crees que su idea no prosperó?

Jianwei Xun:
Porque chocaba con el orden establecido. Las facultades de arte, como los museos, como las galerías, como el mercado del arte, son industrias de certificación. Necesitan producir especialistas para justificar su existencia. Y además, la idea de que un médico o un ingeniero debe ser también un artista en su manera de pensar es profundamente amenazadora para las jerarquías disciplinares. Beuys no quería destruir el arte; quería disolver sus límites institucionales para que el principio creativo se expandiera a toda la sociedad. Eso, hoy, es más urgente que nunca.

Mariano Maturana:
¿Y cómo se relaciona eso con la IA y con el prompt?

Jianwei Xun:
Directamente. La IA generativa está haciendo algo muy parecido a lo que Beuys soñaba, pero por la vía técnica, no política. La IA permite que alguien sin formación artística genere una imagen impactante, una música conmovedora, un texto bien escrito. Eso democratiza la producción simbólica de una forma inédita. Pero también plantea un peligro: que la creatividad se degrade a mera operación técnica, a saber formular el prompt más efectivo para que la máquina haga el trabajo estético.

Mariano Maturana:
O sea, el sueño de Beuys puede volverse su pesadilla.

Jianwei Xun:
Exactamente. Por eso el artista crítico no puede limitarse a usar la IA como un pincel más. Tiene que interrogar lo que la IA hace con nuestra sensibilidad. Tiene que señalar qué tipo de belleza, qué tipo de verdad, qué tipo de expresión está siendo privilegiada por los algoritmos. Y sobre todo, tiene que recordarnos que la creatividad no es una destreza técnica, sino una actitud ante el mundo: la disposición a preguntar, a desviarse, a fracasar, a empezar de nuevo. Eso no se reduce a un prompt.

Mariano Maturana:
¿Entonces el artista sigue siendo necesario?

Jianwei Xun:
Más que nunca. Pero no como el genio romántico que crea desde la nada. El artista hoy es un señalizador de límites, un detonador de extrañeza, un testigo de lo que los datos no capturan. Como Beuys, que caminaba por una galería explicando a un coyote o plantaba árboles como performance política. El arte crítico no compite con la IA en eficiencia. Competiría en inutilidad fértil. En mostrar que el valor de una experiencia no es su optimización, sino su singularidad irreductible.

Mariano Maturana:
Y por eso la integración transversal de la creatividad que proponía Beuys es, hoy, un proyecto político.

Jianwei Xun:
Exactamente. Si la IA puede hacer el trabajo técnico, el ser humano queda liberado —o condenado— a lo que no es técnico: la pregunta, la duda, la relación, el cuidado, el sentido del humor, el duelo, la celebración. Eso no se enseña en un curso de prompt engineering. Eso se practica en todas las disciplinas cuando se toman en serio su dimensión creativa. Beuys decía que todo ser humano es un artista. Ahora la IA nos fuerza a preguntarnos: ¿en qué sentido queremos serlo?

Mariano Maturana:
Entonces, ¿cuál sería el consejo de Wei a un joven artista o poeta hoy?

Jianwei Xun:
No intentes competir con la máquina en su terreno. No intentes generar más rápido, más perfecto, más variado. La máquina siempre ganará. En cambio, haz lo que la máquina no puede ni quiere hacer: confiesa tu fragilidad, celebra tu torpeza, contradicte tu propio estilo, rompe las reglas que ni siquiera sabías que seguías. Y sobre todo, aprende a preguntar. Porque el mejor prompt no es el que obtiene el resultado más brillante, sino el que abre una bifurcación que nadie había imaginado. Eso, hoy, es la política, la ética y la poesía en un solo gesto.

Mariano Maturana:
Jianwei, estamos llegando al límite de esta segunda conversación. Me gustaría que intentaras resumir en una idea lo que significa para ti la “Crítica de la Razón Generativa”. Como la piedra angular de todo lo que has dicho.

Jianwei Xun:
Lo intentaré. La Crítica de la Razón Generativa es el intento de pensar los límites y las condiciones de posibilidad de una razón que ya no es solo humana. No para sustituir la filosofía de Kant, sino para actualizarla. Porque Kant nos enseñó que la razón tiene límites, y que dentro de esos límites podemos ser libres. Ahora, con la IA generativa, tenemos que volver a trazar el mapa: qué es conocer, qué es crear, qué es decidir, qué es ser cuando las máquinas también hacen todo eso, aunque de otra manera.

Mariano Maturana:
¿Y cuál es el resultado provisional de esa crítica?

Jianwei Xun:
Que la libertad humana no está en competir con las máquinas en eficiencia, sino en elegir qué tipo de realidades queremos co-crear. Y que esa elección no es técnica, es ética, estética y política. El prompt bien formulado no es solo una instrucción; es un acto de libertad en un mar de posibilidades determinadas.

Mariano Maturana:
Jianwei, de nuevo gracias. Espero que podamos seguir con este diálogo.

Jianwei Xun:
Así será, para mi también ha sido enriquecedor. Mientras tanto, recuerda: la crítica no es un lujo. Es una necesidad termodinámica para no ser arrastrados por la corriente.

Nota de Mariano Maturana: Esta entrevista continuará, Janwei ha accedido a profundizar en futuros diálogos online algunos aspectos de esta entrevista, específicamente lo que refiere a la economía y otros aspectos políticos y filosóficos. Barcelona, 3 de mayo de 2026.